HERMÓGENES PÉREZ DE ARCE

EL MERCADO ES MÁS FUERTE

Si fuera por seguir la corriente y defender causas políticamente correctas o fáciles, no me habría asilado en un blog de internet como éste. Lo hice porque aquí sólo le respondo a mi conciencia. Y mi conciencia me dice que el espectáculo montado en torno a la contratación de trabajadores paraguayos y un brasileño en empresas de Francisco Javier Errázuriz constituye una representación inexacta de la verdad.

Primer punto: la legislación del trabajo chilena, de inspiración socialista, deja fuera del mercado del trabajo (cesante) a la gente más pobre; y hace a las empresas chilenas menos competitivas, porque encarece artificialmente el factor trabajo.

Segundo punto: si la gente fuera libre para ofrecer a otra contratar sus servicios, las remuneraciones serían menores pero todos tendrían trabajo. Los pobres serían menos pobres, porque más personas por familia tendrían un ingreso.

Tercer punto: esto mismo pasa en otros países y por eso sus trabajadores emigran en busca del trabajo que sus legislaciones internas les impiden encontrar. En otro país lo hacen libremente, mediante figuras como "contratos de capacitación".

Por esa razón llegaron los trabajadores extranjeros a las empresas de Errázuriz. Es posible que haya una irregulairdad si es que se presentaba como un contrato de capacitación y, en rigor, no lo era, sino sólo un contrato de trabajo. Eso está sujeto a prueba. Pero lo que es evidente es que los medios de comunicación han creado una imagen completamente exagerada y desproporcionada, si es que no derechamente falsa, de la situación de esos inmigrantes.

He aquí un testimonio de una trabajadora paraguaya, María Lucila González, que debió emprender viaje de vuelta a su país, por petición de sus hijos: "Yo quería quedarme acá y trabajar, porque estaba muy bien, pero me dijeron que volviera porque estaban muy preocupados, porque allá se habla todo mal de lo que pasa acá". ("El Mercurio", 27.05.11, p. C-12).

Los medios han hecho una "misse-en-scéne" que no corresponde a la realidad.
Es evidente que los trabajadores paraguayos fueron convencidos acá por "alguien", después de haberse dado por satisfechos con los términos ofrecidos por el empresario, de que podían obtener beneficios superiores a los pactados libremente, si se asilaban en la legislación chilena. Finalmente perdieron pan y pedazo. Deberán volver a su país. Como María Lucila, "estaban muy bien", pero creyeron poder estar mejor, porque alguien les hizo creer que podían obtener más de lo prometido y aceptado. Pero, si fuera por eso, el empresario habría contratado trabajadores chilenos. En cualquier campamento podría encontrar a cuatro de cada diez jóvenes dispuestos a trabajar "por el mínimo", pues están cesantes.

La verdad está sufriendo a manos de los medios en este caso. Por eso los hijos de María Lucila tienen una imagen tan distinta de la situación de ella de la que realmente estaba viviendo, y la han obligado a volver, muy a su pesar.

"El mercado es más fuerte": si hay tanta gente que necesita un ingreso y quiere trabajar, sin poder hacerlo; y tanta gente que contrataría a más personas si hubiera precios de mercado para la mano de obra, alguna vez terminará por imperar la razón. Y Chile se aproximará a tener, como dice la funcionaria del BID, Carmen Pagés-Serra (ver mi blog de ayer) la misma proporción de gente ocupada que los Estados Unidos, lo cual implicaría automáticamente tener un PIB 16% superior al que tenemos.

LO QUE LA CARMEN LE DIJO A LA EVELYN

Cuando la ministra del Trabajo fue a Estados Unidos hace poco, participó en un seminario en el BID, donde la jefa de la unidad de mercados laborales de esa institución, Carmen Pagés-Serra, les dijo a aquélla y a los economistas y parlamentarios que la acompañaron (traduzco) que en Chile debían hacer todo lo contrario de lo que están haciendo en materia laboral.
Dije "traduzco" porque Carmen fue muy diplomática y dio su opinión de manera elíptica. Por ejemplo, señaló: "Los temas no son sencillos; implican hacer cambios en aspectos que pueden ser contenciosos, pero es un momento clave en la historia del país".

¿Qué quiso decir? Que la Evelyn debe hacer todo lo contrario de lo que está haciendo, es decir, en lugar de complacer a Arturo Martínez y sus similares, y amenazar a los empresarios, debe prepararse para enfrentar a Martínez y permitir a los empresarios aumentar su productividad, lo que es lo mismo que decir que debe disminuírse el precio de contratar trabajadores.
Pues Carmen añadió una cosa muy notable: si en Chile la participación de la población en el mercado del trabajo fuera la misma que en EE. UU., el ingreso chileno aumentaría en 16 %. Es decir, daría un salto de crecimiento equivalente al de tres años, al ritmo registrado en 2010.
Para que la participación en el mercado del trabajo sea la misma que en EE.UU. se requiere que más jóvenes y mujeres entren a trabajar, pues entre ellos están las tasas más altas de desocupación. ¿Por qué no lo hacen? Porque en Chile no hay libertad de trabajo, pese a que la Constitución la garantiza. Y no la hay porque los jóvenes pobres y las mujeres de menor educación, unos y otras pertenecientes a grupos de escasa productividad, no encuentran empleo, debido a que la legislación de salarios mínimnos, indemnizaciones por años de servicio, feriados irrenunciables, salas-cunas, pre y postnatal y fueros variados hacen que el costo mínimo de contratar a algún trabajador o trabajadora sea más alto que el aporte a la producción que él o ella son capaces de hacer. Luego, no están en el mercado del trabajo, no generan ingresos propios y el país crece un 16% menos de lo que podría hacerlo.

Los "aspectos contenciosos" a que se refiere Carmen están representados por la agitación política que habría si se permitiera al mercado del trabajo ser más libre y a las personas contratarse sin los condicionamientos que les ponen las leyes laborales y sindicales vigentes.
La desigualdad en Chile se explica en gran medida por la rigidez de la legislación laboral, previsional y sindical, pues las personas pobres tienen tasas de desempleo de dos dígitos (entre los pobladores de campamentos, jóvenes, sin educación, la tasa de desempleo supera el 40%, y si son mujeres sube más aún). En cambio, en el quintil de ingreso más alto hay pleno empleo. ¿Cómo no va a haber desigualdad si la legislación socialista lleva a que casi la mitad de los más pobres no encuentren trabajo y todos los ricos se regodeen con las oportunidades de trabajo que tienen?
Carmen Pagés-Serra ha dicho que, en estas condiciones, la economía chilena se está quedando sin motor que la impulse y, si alguna vez dejan de presentarse las condiciones externas tan favorables que tenemos hoy, con el cobre a más de 4 dólares por libra, nos vamos a quedar sin viento de cola y el estancamiento se va a notar más.

Traducción final de lo que Carmen le dijo a Evelyn: en lugar de perseguir a empresarios que contratan gente, para tener sonriente a Arturo Martínez, debería dedicarse a alentar a los mismos a contratar más, aunque se enoje el presidente de la CUT.

Porque si no, no hablemos de alternancia en el poder ni de nueva forma de gobernar, sino de más de lo mismo.

¿Y LA SOCIEDAD LIBRE?

En una sociedad libre, una persona puede acordar prestar servicios a otra a cambio de la remuneracion que pacten entre ambas. Si alguna de las partes no cumple con su prestación, la otra puede recurrir a un tribunal para hacer efectivo el respectivo cumplimiento.

En un régimen de corte nacional-socialista o socialista-marxista, nada de lo anterior puede hacerse. No son las personas las que contratan libremente, sino el Estado el que les ordena los términos en que lo harán, y que él fija. Si hay algún incumplimiento, es el Gobierno el que interviene, aplica sanciones y procura que los tribunales sancionen al que haya actuado como si fuera una persona libre.

En estos días un empresario agrícola ha contratado a 31 trabajadores paraguayos y tres brasileños que deseaban mejorar sus condiciones de vida. Aquél y éstos habían contratado libremente. El empresario estaba cumpliendo una finalidad que, se dice, es muy deseable: aumentar la productividad, es decir, obtener una determinada producción con menor empleo de recursos. Los trabajadores extranjeros también estaban consiguiendo un mejoramiento de su condición: obtenían mayores remuneraciones que en sus países de origen.
¿Cómo se ha resuelto la situación? ¿En los términos propios de una sociedad libre o del nacional-socialismo y el socialismo marxista? Conteste usted mismo esa pregunta.

Me la sugirió la lectura de "La Segunda" de hoy, que informa sobre el caso. En el mismo vespertino leo una columna de un decano universitario de Políticas Públicas, titulada "Para Cada Problema ¿Un Ministerio?". Dice: "En 2011 entraron en funciones dos nuevas subsecretarías (Turismo y Seguridad Pública), hay otra actualmente en discusión legislativa (Servicios Sociales) y se crearán dos más, en caso de cumplirse los anuncios del 21 de mayo (Educación Superior y Derechos Humanos). Adicionalmente se crearía un nuevo ministerio de Deportes (la subsecretaría ya existe). Por otra parte, se ampliarán las funciones del ministerio de Agricultura y se otorgaría al Consejo de la Cultura el nivel de ministerio. En suma, para 2014 habria cinco nuevas subsecretarías, tres ministerios con redefinición de funciones, uno nuevo y una fusión de dos carteras". El decano no mencionó otro ministerio más anunciado por el Gobierno, el de Desarrollo Social.
Dos páginas más adelante, en el mismo diario, el presidente de la Asociación de Isapres dice que el proyecto del Gobierno de intervenir el sistema privado de salud, instituyendo una cotización obligatoria de algunos afiliados para favorecer a otros, "podría afectar negativamente al 30 por ciento de los cotizantes, desfinanciar el sistema y hasta desestabilizarlo". Vendría así a completarse la tarea destructiva de la medicina previsional privada que se propuso la Concertación.
¿Tiene algún aspecto de lo anterior algo que ver con el funcionamiento de una sociedad libre?