FERNANDO PAULSEN

En noviembre del 2001, el entonces vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, cambió drásticamente la forma de relacionar la evidencia con las conductas criminales. Lo hizo en referencia a la guerra contra el terrorismo, después de los ataques a las Torres Gemelas, en septiembre de ese mismo año. Si hasta entonces para inculpar a alguien, juzgarlo y sentenciarlo había que acreditar su responsabilidad con pruebas (más allá de toda duda razonable si la condena solicitada era la pena de muerte), el combate contra el terrorismo abría las puertas a un cambio en el criterio que vinculaba la culpabilidad a su evidencia. Haciendo un particular uso de las probabilidades, Cheney delineó una nueva doctrina en materia de defensa propia y aplicación de justicia: "Si existe una probabilidad del 1% de que la amenaza sea real, debemos tratarla como si fuera un hecho, en términos de nuestra respuesta. No se trata de nuestro análisis o de encontrar la suficiente evidencia. Lo que importa es nuestra respuesta. Justificada o no, centrada en datos duros o no, lo clave es nuestra reacción a esa probabilidad".

Esta idea geopolítica de privilegiar la reacción a un riesgo, antes de actuar con la certeza de la responsabilidad del acusado, dio pábulo a películas críticas, como Sentencia Previa, pero también generó variantes interesantes que no requerían el uso de estadísticas. La más conocida de ellas fue acuñada por el humorista Stephen Colbert, en 2005. Le denominó "Truthiness", palabra inventada que podría traducirse como "Verdaderidad", que Colbert definió como la condición de certeza de algo que cada uno siente "en la guata", sin necesidad de acudir a datos, lógica o pruebas.  Cuando George W. Bush invadió Iraq, acusando a Hussein de tener armas de destrucción masiva, Colbert satirizó la situación diciendo en Comedy Central: "Es cierto que no pudimos ubicar esas armas, pero ¿no sienten aquí en la guata que era justo que echáramos a Saddam?". Colbert es demócrata en EE.UU y sus referencias a la "Verdaderidad" son una sátira de los opinólogos de extrema derecha, principalmente en Fox News, pero la palabra se posicionó y legitimó de inmediato. Sobre esto seguimos más adelante.

Si la doctrina de Cheney del 1% estuviera totalmente vigente en el gobierno de Barack Obama sería absolutamente imperativo haber asesinado a los hijos de Osama Bin Laden que lo acompañaban en su fortaleza paquistaní. Incluyendo al niño de 2 años de edad y a la hija de 12 años, que denunció que su padre estaba desarmado y lo ejecutaron. Ambos, bajo cualquier estándar estadístico, tienen más de un 1% de probabilidades de crecer y continuar con las luchas de su padre, invocar su nombre y eventualmente dirigir la organización que Bin Laden fundó.

La versión más extrema de esta doctrina de asignar porcentajes de realización a los eventos y si estos pasan de un nivel, no esperar confirmarlos sino actuar anticipadamente como si hubieran ocurrido, se ve en los relatos del Nuevo Testamento. Mateo cuenta que el rey Herodes, informado por los Tres Reyes Magos de que viajan a alabar a un rey recién nacido en Belén, ordena asesinar a todos los bebés de menos de dos años. Anticipando que esta noticia sea verdad y algún día ese rey lo destrone, probabilidad que Herodes calcula sin duda es más de un 1%, el rey judío responde con una masacre que minimiza la probabilidad de que esa guagua sobreviva. El relato bíblico da cuenta de cómo hasta las respuestas más brutales no pueden hacer desaparecer el margen de error. Y la guagua sobrevivió, aunque no reclamó el reinado de Herodes como éste temía.

Hay cosas que se hacen bajo la convicción de que basta un 1% o menos de probabilidades de que suceda algo para que sea necesario anticiparse y actuar. Muchas vacunas se colocan de forma preventiva, ante posibilidades mucho menores incluso al 1% de contraer la enfermedad que quieren evitar.

El matemático John Allen Paulos, criticando hace años a Cheney y su uso de las estadísticas, planteó el absurdo de trasladar la mirada del ex vicepresidente a las situaciones cotidianas. Imaginen, dijo, a un tipo que entra a un bar y ve como dos sujetos lo miran con lo que él interpreta son miradas sospechosas, probablemente planeando asaltarlo. Con más de un 1% de convicción, estaría justificado que los agrediera primero. Y que tal un médico algo exagerado, que observa que la paciente tiene fiebre, dolor de garganta y ha estado decaída la última semana. Ordena que le apliquen quimioterapia de inmediato, amparado en que, a su juicio, hay al menos un 1% de probabilidades de que ella tenga cáncer. Ni hablar del jugador de casino que sigue esta doctrina, dice Paulos, sería el regalón de la casa. En la mesa de crap quiere apostar al 12 y los números dicen que la probabilidad de que los dos dados salgan 6 es de 1/36, casi 3%. Bajo la doctrina de Cheney debiera jugarse todo lo que posee.

Lo anterior es ridículo. Pero elevado a seguridad nacional, basta y sobra para lanzar ataques preventivos, mandar misiles ultraprecisos a casas donde se cree probable esté el perseguido e invadir países por si estuvieran preparando algo. Como la doctrina del 1% no puede defenderse con éxito, muchos seguidores de la extrema derecha de EE.UU han acudido a la Verdaderidad de Colbert como refugio. Lo que es una paradoja, porque el humorista inventó la palabra para reirse de los conservadores y sus temores de elite.

Es la Verdaderidad lo que subyace detrás de las técnicas de "profiling", que en Chile se conoció como detención por sospecha. No hay certeza si esa persona cometió un delito o lo va a cometer, pero reúne las características físicas, étnicas, de vestuario, de caminata, propias de un posible criminal. Y por si no fuera suficiente con esas señas, al policía le puede tincar, puede sentir que el tipo es medio sospechoso. Eso basta. La detención por sospecha sin duda fue efectiva en ocasiones, pero no daba cuenta del volumen de merma que se requería para llegar a un resultado correcto, lo que destruía no sólo la presunción de inocencia, sino también perfilaba categorías de delincuentes que calzaban con grupos socioeconómicos pobres o vulnerables. Por eso se eliminó formalmente, aunque habría que verlo si es verdad en la práctica.

La Verdaderidad sigue siendo invocada explícita y tácitamente en Chile para acusaciones bajo la ley antiterrorista. Desde los mapuches hasta el Caso Bombas, pasando por el ciudadano paquistaní y los nexos de las Farc colombianas con los levantamientos indígenas. No es que no hayan pruebas, las hay. Pero cuando ellas son débiles o no existen, la Verdaderidad se apodera de editoriales, columnas, declaraciones de autoridades y aquello que se siente verdadero pasa a tener más importancia que lo que se puede probar que lo es.

Los jefes de Carabineros e Investigaciones han señalado que no han advertido nexo alguno entre las Farc y los movimientos mapuches en sus investigaciones. Se responde que hay que esperar, que los hechos están ahí, los incendios, panfletos, el lenguaje. Esperemos a que culminen los juicios, señalan. Cuando algunos de éstos efectivamente culminan, como el de Cañete, donde 13 comuneros acusados por ley antiterrorista y que pasaron los dos años del juicio en la cárcel, en prisión preventiva, fueron absueltos de las acusaciones, no hay editoriales, ni columnas, ni declaraciones de los mismos que invocaban la Verdaderidad de sus crímenes.

Esta semana la asociación ilícita terrorista más peligrosa del país, según el Ministerio Público y el Ministerio del Interior, tiene a todos sus integrantes libres o con arresto domiciliario. Los fiscales fueron incapaces de aquilatar ante el tribunal, a través de las pruebas que disponían, que ellos eran un peligro para la sociedad, por lo que debían continuar en prisión preventiva. Por unanimidad la corte estimó que no los consideraban así en todos los casos. ¿Son inocentes, entonces? No lo sabemos, se determinará en el juicio oral, que debe comenzar. Pero a la hora de solicitar mantenerlos encerrados, por ser un peligro para los chilenos, ningún juez que escuchó alegatos y ponderó pruebas coincidió con la tesis del Ministerio Público.

Afortunadamente, no hay espacio en Chile todavía para que alguien desde el Estado plantee una doctrina como la de Cheney, del 1%. Pero ya está instalada la idea de Verdaderidad. Y es muy atractiva. No exige evidencia, basta con que las cosas  parezcan plausibles. Que se sientan verdaderas, si no pueden probarse. Seguir los instintos es el coaching de moda, que aplicado a la seguridad nacional puede ser la madre de todos los abusos y todos los errores. Relajar las exigencias de la prueba y la evidencia  es la antesala del fin de la justicia y la puerta de entrada a la probabilidad (mucho mayor al 1%) de utilizar la represión del Estado como plataforma electoral y de imagen política.

Porque sí hay algo que está demostrado: la violencia del Estado, vendida como seguridad nacional, sube los ratings del gobierno de turno. Aquí y en Washington DC, como acabamos de ver. Crea y consolida liderazgos. Eso, de la mano de la Verdaderidad, es muy tentador.