ARTURO ALEJANDRO MUÑOZ
La sociedad de intereses económicos mutuos, Alianza-Concertación, ya ni siquiera intenta disimular sus fechorías. Muchos de sus dirigentes son corruptos, amén de traidores a Chile y a América Latina
CREO QUE en política voy a seguir el consejo que mi abuelo Alejandro tuvo a bien darme hace ya una punta de años (cuando Chile aún estaba gobernado por el familisterio radical, ese de los chunchules, el Colo-Colo, la masonería y los bomberos). Era la época del viejo republicanismo, donde ser oposición también significaba hacer patria y construir país sin que nadie en el gobierno se echara ceniza sobre la cabeza ni rasgara vestiduras. Todo ello expiró y cambió, cuando -tal como señala un amigo de siempre- "la bayoneta calada dejó la cagada".
Mi abuelo y su consejo: "en política, cada cierto tiempo haz un alto, pero un alto de verdad; sal del círculo, observa el panorama y analízalo con sentido realista, ya que de seguro has estado mirando sólo tu propio ombligo, o los zapatos de tus dirigentes".
Bien, entonces manos a la obra. Doy un paso al costado (o al frente, o hacia atrás, lo que importa es ‘salir del círculo'), y reflexiono respecto del actual estado que presenta la actividad política-partidista en nuestro país.
La primera mirada señala que ese estado es desastroso, lamentable y, peor aun, con perfiles propios de una pandilla de rufianes allegada a la mafia internacional. Rufianes, claro, pero enriquecidos y con los labios amoratados de tanto estar adheridos a la teta fiscal. Y no la van a soltar fácilmente, aunque la sociedad y las iglesias les sermoneen con ‘salarios éticos' y otras yerbas, puesto que los mamones son ateos declarados, porque están seguros que no hay otra vida mejor que esta.
Desde el año 1974 se ha ido consolidando una sociedad de intereses económicos llamada Duopolio Binominal, en la que toman parte quienes fungieron como serios enemigos en algún momento del desarrollo político del país. Pero se trató de una cuestión temporal, de corta vida, ya que en lo principal mediaba siempre el aspecto económico. Y así fue que en menos de lo que demora un zorzal en tragarse la lombriz, los antiguos adversarios se transformaron en corsarios para saquear de Chile el erario y dejar del cobre sólo un muestrario. ¿Poético, verdad? Al menos rima con expoliación, traición y frescura de cutis.
¿Sabes, abuelo? No requiero mayor esfuerzo ni análisis para concluir que estos especimenes que nos gobiernan desde 1974 (pariendo su asociación binominal en 1988) no tienen ninguna intención de cambiar y, menos todavía, de dar un giro a los asuntos gubernamentales. La visita de Barack Obama lo confirmó plenamente.
Aliancistas y Concertacionistas unidos, jamás serán vencidos...ya no tenemos oposición política en Chile, pues en la cena de gala en La Moneda a unos y otros sólo les faltó abrazarse con ebria emoción lanzándose a los pies del gringueli cantándole a coro (aprovechando la presencia de los High Bass, o ex Jaivas) el temita aquel de "porque es un buen compañero, porque es un buen compañero...etc.", perdonándose los antiguos pecados, jurándose amor financiero eterno, y coincidiendo en que la mejor fórmula de gobierno es la aplicación de aquellas líneas escritas por Tomasso di Lampedusa: "todo tiene que cambiar, para que todo siga igual" (por si no lo sabe, novela "El Gatopardo").
Ya, abuelo...vuelvo al círculo. Gracias por el consejo. Ahora tengo más claro que ayer el camino que Chile deberá recorrer para su redención político-económica y republicana. ¿Cuál es él? Crear un nuevo referente popular, democrático, inclusivo, en el que por cierto no pueden tener cabida los principales dirigentes de la actual sociedad de intereses duopólicos.
Es eso...o soportar un lustro de neoliberalismo galopante y salvaje, corruptelas, negociados, brecha económica en aumento, familisterio y entreguismo casi gratuito a lo foráneo, a todo dar.
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