EDISON ORTIZ G.

He leído la carta de Camilo Escalona respecto del libro de Gabriel Salazar sobre  Carlos Altamirano, con quien estuvimos hace poco en Rancagua, a propósito del debate sobre la disminución de las horas de historia, oportunidad en que le expresamos nuestro agradecimiento por un texto que, no siendo complaciente, intentaba poner las cosas en su justo lugar.

Ingresé formalmente a la JS Almeyda allá por el año 1985. Y recuerdo siempre, con extrañeza, al asistir a una primera jornada de capacitación en esa juventud - yo venía del mundo dirigencial estudiantil universitario y no del aparato - la exasperación del relator hacia la figura de Altamirano. La primera media hora, se la pasó, literalmente, vapuleando a al ex Secretario General por el proceso de renovación que encabezó y su acercamiento al centro. Era la época en que muchos cabecillas que hoy quieren mantener un acuerdo con el PDC basado sobre la repartija, más no sobre contenidos, despreciaban esa salida y jugaban sin despeinarse, tal cual como en las películas antiguas de vaqueros, a ser rebeldes y revolucionarios. No pocos jóvenes les creyeron, y se transformaron en desadaptados en los 90', aunque  estos líderes "se acomodaron" bastante bien a la transición con Pinochet vigilándola y se pasaron  al mercado sin límites, promoviendo y aprobando sin chistar las privatizaciones  (incluso la que afectó a la educación) que hoy día critican por que la derecha quiere llevarlas hasta sus últimas consecuencias. Siendo presidente Escalona el PS dio luz verde a la privatización de las sanitarias que hoy, el propio senador desaprueba. Como dijo alguien, esa generación "confundió lo urgente con lo necesario", e hicieron de la transición lo que fue: ese tedio interminable. Ese fue el caso, entre otros de Camilo Escalona. Aún recuerdo su libro "una transición de dos caras", publicado justo después de su debacle electoral de 1997 que, según mi modesta opinión, comprometió hasta hoy, el feble peso  del PS en las  aspiraciones de cambio del progresismo chileno al quedar debilitado permanentemente uno de sus máximos referentes. Ese texto, era una reflexión crítica sobre la transición, los gobiernos DC, en particular el de Frei. Por supuesto, que el senador, que siempre es igual a sí mismo un tiempo más tarde, y como otras tantas veces, sería el más enconado defensor de Frei, y aquella primaria trucha. Y creo que allí, hay otra gran diferencia con Altamirano. Don Carlos fue dirigente de su época, con todas las limitaciones y bondades que eso tuvo. Y eso, hasta dónde yo sé, no lo ha negado. Inclusive en el propio texto en comento reafirma la autocrítica a la Unidad Popular, a la época, al gobierno y a sí mismo. Por lo demás, entiendo, luego de iniciar el proceso de cambio de alianza política-social para superar la dictadura, se retiró dignamente  y asumió que el tiempo que se venía no era el suyo.  Hubiese sido decente que algunos de los dirigentes actuales tuviesen la misma dignidad, para dar un paso al lado. Por el contrario, luego de la votación del Royalty, de la defensa de la Ministra Matte o de la complicidad con el gobierno en el 4,2 %, nos enteramos que pretenden seguir aferrándose a prebendas, aunque sea recibiendo las migajas que ofrece el gobierno.

Altamirano, además, pertenece a una  gran generación de cuadros socialistas que llevaron al PS al sitial  que magníficamente representó Allende. Una época gloriosa en que nuestros líderes escribían libros, proponían tesis, hacían clases en la Universidad y a la vez ocupaban escaños en el Senado. Producto de eso  fue que el PS jugó un papel protagónico, desde fines de los 30', en la creación de un estado fuerte que industrializó el país, mejoró y amplio la enseñanza pública, y cuyos hitos centrales fueron la Nacionalización del cobre y  la obtención del Nóbel por parte de Neruda. Esa generación de dirigentes - Ampuero, Allende, Corbalán, Rodríguez, el propio Altamirano entre otros - marcaron una impronta no sólo en la política local, sino latinoamericana y mundial. Fue desde el propio PS, donde se tomó distancia del régimen soviético y se comenzaron a observar otros modelos como el yugoeslavo en su época.  Por el contrario, nuestros dirigentes que surgieron en la Transición, no hicieron otra cosa que dedicarse a desmantelar todo lo que construyó la generación anterior. Se dice, incluso, que hasta los recursos del PS que hoy se pelean y malgastan sus directivas, vienen de esa época.

Por otra  parte, es curioso que Escalona desacredite a Altamirano recurriendo a lo popular, cuando en sus propios discursos (y los he escuchado y leído bastante) no existe la ciudadanía, los movimientos sociales ni las organizaciones populares. Aún recuerdo que en agosto de 2006, a menos de seis meses del inicio del gobierno de la ex Presidenta, oportunidad en que lanzó la candidatura de Insulza, en su extensa intervención en el ex Congreso Nacional, no hubo una sola referencia a los tópicos anteriores. En aquella alocución, que reflejó magníficamente el modo de pensar y concebir la política del ex Presidente del PS, solo hubo cabida para el Estado y los partidos. No es casualidad entonces el largo sinuoso derrotero que, comenzando en las primarias acabó con Frei perdiendo en segunda vuelta, frente a un empresario que los chilenos, definitivamente no quieren ni estiman, pero que, se impuso al candidato de los aparatos. A esta generación de dirigentes les cuesta mucho entender que es tiempo  de que "la política escuche a la ciudadanía".

Volviendo al punto, acaso no es lícita, entonces, la aspiración de ex líder, a convocar a nuevos liderazgos  ante el desolado páramo en que hoy nos encontramos? El mismo llano  al que nos llevó el propio senador Escalona y una parte significativa de los dirigentes actuales que provocaron la crisis más profunda del PS desde el traumático quiebre de 1979. No sólo eso, sino que renegando de las propias convicciones que habían pregonado desde fines de los setenta, y a lo largo de los ochenta, se pegaron "la voltereta" y se adhirieron sin reservas al modelo de transición que antes abominaron, ¿O alguien no recuerda los artículos de algunos de ellos, defendiendo el marxismo en su versión rusa, cuando aquel régimen ya olía a cadáver putrefacto, y que aún así se seguían publicando en 1989 en Unidad y Lucha?

Alguna vez, mientras hacia mi tesis doctoral sobre el PS, y conversando con un antiguo dirigente critico del ex Secretario General le hizo, un reconocimiento explícito "sin embargo, Altamirano era el único dirigente histórico que permitía la discusión sin censura, y luego no discriminaba a alguien por discrepar con él". Todos hemos visto que los mandamases que encabezaron la transición no promocionaron, precisamente la discusión partidaria y por la propia web nos hemos enterado que, incluso la posibilidad de trabajo,  se redujo a la lealtad incondicional al lote. Familias enteras encontraron así buen salario en el Estado. Se acuñó la frase que bajo la presidencia de Camilo Escalona llegó al paroxismo: "el que se mueve, no sale en la foto". No pocos socialistas sufrieron en carne propia ese crudo enunciado.

Por último y con respecto al libro. He leído algunos de las adulaciones al senador enviados por varios de sus fans que, todavía, ni siquiera han leído el libro. ¡¡¡Es que a eso nos acostumbraron  los dirigentes!!! Al halago fácil, sin pensar, sin reflexionar, tal vez, expresión del miedo. Ese modelo, aprendido tal vez en una oscura habitación de Berlín en la RDA,  fue el que se promocionó y promovió durante la transición y que, hoy, nos tiene como nos tiene. ¿Alguien leyó Vida y Destino de Vasili Grosmman? Nuestra realidad se parece mucho a ese texto: absolutamente kafkiana.

Es cierto, hubiese preferido, como muchos chilenos y socialistas aún lo esperan, la propia autocrítica del senador sobre su papel  en los hechos actuales y en la crisis del PS. Pero nuestro senador, como ya lo hizo en 1979, en 1989, en 1998  y en 2009, prefirió fugarse hacia adelante para poder sobrevivir. La apuesta  de este núcleo es clara: lograr el reconocimiento y la interlocución con Piñera. Ya El Mercurio los elogió luego de la votación del reajuste del sector público y del apoyo a la ministra Matte y a una reconstrucción que sólo existe en el discurso del empresario-presidente.

Por cierto, es fácil enconarse con Altamirano, en particular cuando no pocos socialistas - sin leer ni profundizar en su tiempo - se han comprado el mito de la derecha chilena construido a través del diario de los Edwards, curiosamente el mismo periódico que el senador siempre emplea para desacreditar  a sus adversarios internos: lo hizo ayer con Ominami, hoy lo reitera con el ex secretario general.

Para ir concluyendo, y a diferencia, del senador,  y de sus hinchas, quiero señalar que "Memorias críticas" está hecho para la reflexión histórica sobre una época respecto de la cual no sólo los chilenos, sino que los propios socialistas aún no nos ponemos de acuerdo en su evaluación. Es un aporte para  el pensamiento de izquierda, en especial hoy, ya que tal cual como en la balsa de la medusa, navegamos sin rumbo y sin destino. El orden de Escalona, no es un horizonte, repito: es más bien un páramo donde es mejor no recalar; en segundo lugar  la mirada crítica de Altamirano sobre el propio Allende, sobre la UP, y sobre si mismo son notables  si la comparamos  con la falta de la misma de nuestros dirigentes actuales. Incluso, lo de Altamirano es un ejercicio   de honestidad intelectual poco común hoy; no es menor, además,  que el texto intente abrir un debate sobre el mundo actual, el futuro de la izquierda y el socialismo, cuando no hay referente donde mirarse y en una época en que el capitalismo, bondadoso a veces, tiene al planeta al borde del colapso. ¿Qué molesta de ello: La apertura mental de Altamirano ante la estrechez propia? ¿O la abrumadora distancia entre un hombre culto que nos recuerda, y por eso nos molesta, que, alguna vez, nuestros dirigentes pensaban y actuaban con Mayúscula?

No es casualidad que el alegato del senador, luego de un prolongado silencio, se produzca una semana antes de un pleno que se viene complicado y donde sus huestes aparecen confundidas; algo similar le ocurrió a Martner, cuando comenzó hace ya más de seis años a dar señales de autonomía. Hay que "enforvorizar" a las huestes para marcar territorio, para dejar claro quien tiene el timbre. ¿Era necesario ‘utilizar' a Altamirano para reyertas propias  y de bajo vuelo? Pienso que no.

Dejen tranquilo a Altamirano, ya es hombre de otro tiempo. Agradezcámosle,  su invitación al debate, y no mal usemos su invitación. Es más, desde hace años es el único dirigente histórico que "provoca" desde las ideas nuestros eventos partidarios, mientras otros no decían nada, para no molestar, para no quedarse fuera de la foto...