RENÉ DINTRANS
Estamos mal. No lo digo porque finalmente el gobierno haya impuesto el reajuste que tenía determinado para los empleados públicos, y no es que estemos mal tampoco porque la oposición se haya desordenado, perdiéndose una instancia de discusión que los hiciera aparecer como defendiendo a los trabajadores. Ni siquiera lo digo por masoquismo melancólico, se trata de asumir una realidad, la manera en que se impone el poder a los ciudadanos es lo que cuenta, ahí está el diagnóstico claro y didáctico: estamos mal.
Un diputado socialista abandonando el sitio del suceso, porque su presencia allí era un obstáculo para los propósitos del gobierno es una señal inequívoca del estado de descomposición en que se encuentran los partidos que dicen representar a la clase trabajadora.
El ex ministro del trabajo de Bachelet huyó. Porque eso es lo que hizo, huir.
Se fugó del sitio donde se estaba decidiendo el reajuste de los trabajadores públicos, porque su permanencia en el lugar lo obligaba a votar o abstenerse. Si se abstenía, perdía el gobierno, y el gobierno no podía perder por los "compromisos" que él había adquirido en la víspera, y él no podía aparecer votando a favor del gobierno por el compromiso que tiene con su partido y con la coalición opositora, de manera que sólo le restaba el escape, con ello los votos a favor fueron más que la suma de las abstenciones y votos en contra.
Al final de cuentas cumplió con sus "compromisos", y tendría suficiente de tiempo y comprensión de sus compañeros para dar explicaciones después de consumados los hechos. Gol de media cancha del equipo de Piñera.
Andrade en defensa de su controvertida actitud se descarga diciendo que lo hizo porque "los trabajadores" se lo pidieron, y especifica que fueron sus dirigentes los que transmitieron el mensaje, es decir, los trabajadores a través de Arturo Martínez dicen que deben aceptar hoy lo que estaban rechazando ayer.
Curioso acto de fe en el presidente vitalicio de la CUT, compañero de partido, amigo, e interlocutor de tantas negociaciones en el pasado.
A todo esto, no es mi intención emitir juicios de valor sobre la conducta de un diputado y ciudadano, no tengo la competencia para ello, me parece un buen tipo, y sólo me limito a hacer una breve crónica de estos acontecimientos que me han parecido de muchísima importancia para la suerte de la clase obrera.
Él sabrá si sudó la gota fría, por la mente de él habrán pasado muchas imágenes antes de decidir su escape, él será feliz o infeliz con su comportamiento político, jamás tocaré su honor o su prestigio, me interesa como el actor que cumple un rol didáctico en el texto de la historia que se escribe por estos días.
Se dijo en la radio (1) que existieron "oscuros" convenios entre el gobierno y la CUT durante las discusiones parlamentarias, que mientras existía una negociación oficial y pública, existía otra al amparo de la oscuridad, que fue la que finalmente determinó el resultado que todos conocemos.
El presidente Piñera en los hechos, sería una suerte de benefactor de una institución no gubernamental, la Central Unitaria de Trabajadores. De ese modo, realizando "convenios y financiamientos", consigue presionar a los parlamentarios que tienen cercanos vínculos con las instituciones beneficiadas, para que se comporten de manera afín a sus propósitos.
¿Se estaría estableciendo una nueva manera de conseguir propósitos "sin disparar un tiro"? ¿Larroulet sería un genio, el Richelieu de Chile?
De ninguna manera, Piñera no hace más que "copiar y pegar". Para comprobar esta hipótesis, esta afirmación que ha brotado espontáneamente de la inspiración natural del paso de la noche, no tenemos más que investigar si en el pasado, en los gobiernos concertacionistas, se habrían acaso realizado "convenios y financiamientos" del gobierno con la Central Unitaria de Trabajadores, con el mismísimo Martínez. Ver para creer.
Suma y sigue, ahora Lavín realiza convenios y financia proyectos en diversas municipalidades, espera echarse al bolsillo a sus alcaldes, muchos ellos de la Concertación, el propósito sería conseguir los votos en el Congreso para modificar el Estatuto Docente presionando a través de sus alcaldes a los partidos de la Concertación. Nueva hipótesis, ya que no es prudente señalar a Lavín como a un genio: ¿en el pasado, se realizó algo similar?, ¿acaso no se intentó negociar con cada Alcalde para no pagar la deuda histórica con los profesores? Hay que investigar, ver para creer.
Los trabajadores de las empresas, de las reparticiones públicas, de las grandes tiendas, de los hipermercados, de las cadenas de farmacias, sabrán evaluar a sus dirigentes. ¿Qué es lo que se ha conseguido en 20 años con estos interlocutores vitalicios?, ¿acaso se han restaurado los derechos laborales expropiados por la dictadura?
No señor, nada se ha avanzado, los sindicatos de base, de cada empresa, subsisten precariamente. Se ha permitido la ilusión de una mega institución sindical, la CUT, que no tiene ninguna relevancia para la clase trabajadora, pero que sí es importante para mantener el "orden de las cosas", vale decir, el orden burgués. Es fácil tener en el bolsillo a los trabajadores controlando a su superorganización que no tiene ningún peso.
Los trabajadores públicos deberían desafiliarse lo antes posible de la CUT, nada tienen que hacer allí, su propia organización es más poderosa, sus líderes son más creíbles, más sólidos.
El poder debe estar radicado en las bases, jamás las bases deben ceder el poder natural que poseen, el antipoder, el único poder que puede anteponerse al poder burgués no debe ser dilapidado entregándosele a dirigentes de mentirilla. No son para nada necesario esos dirigentes que viven de un suculento sueldo, son un obstáculo, una pesadilla, sólo se necesita de la coordinación inter-sindical que funciona para casos puntuales, para cuando es necesario hablar en serio, para realizar un paro solidario.
Es necesario trastocar el orden de las cosas, es necesaria una verdadera revolución que establezca un nuevo Contrato Social, una nueva Constitución, los trabajadores son el único antipoder capaz de oponer resistencia al poder burgués, de manera que no será posible llevar a cabo esa empresa, si no hay una revolución previa que comience de cero. Será necesario que los jóvenes, que los trabajadores, ignoren a los partidos y dirigentes que dicen representarlos. Que cada sindicato cuide su mandato, que cada joven cuide su voto.
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