ARTURO ALEJANDRO MUÑOZ
La esencia del ‘cambio' prometido por la ‘nueva derecha' encabezada por Sebastián Piñera, no es sino más de lo mismo que entregó la ‘derecha blanda', vulgo Concertación, desde 1990 hasta el año 2010.
EL GOBIERNO DERECHISTA aún se encuentra en su mejor momento, de ello no hay dudas. Difuminados los efectos mediáticos del rescate minero, la aprobación ciudadana al Presidente Piñera alcanza al 50% y las últimas medidas que él ha dado a conocer al país podrían incrementar ese guarismo, especialmente si lo relacionado con el punto final a las ‘esperas' en la atención de salud se concreta.
La idea de llevar el ‘Auge' a las clínicas privadas sin costo extra para el paciente FONASA - cuando el sistema público no pueda satisfacer una determinada demanda- es una propuesta largamente esperada por miles de chilenos. Y aplaudida...qué duda cabe. Si es o no es un gran nuevo negociado para los tiburones de siempre, resulta importarle poco a la ‘gallá' que lleva meses (e incluso años) esperando quirófano en un hospital.
Quizá, para el gobierno, la piedra en el zapato sea la "reforma educacional", donde uno de sus acápites ha sido rechazado mayoritariamente por la gente. Es que, en definitiva, el público muestra pleno acuerdo con la iniciativa gubernamental en lo referido a gratuidad para alumnos que estudien pedagogía y hayan obtenido 600 o más puntos en la Prueba de Selección Universitaria, pero en lo concerniente a rebajar horas pedagógicas a Ciencias Sociales (Historia, Geografía, etc.) la opinión mayoritaria es de rechazo. Según encuestas efectuadas recientemente, el 70% de los consultados se opone a la rebaja en comento.
Más allá de la legítima posición política que cada quien pueda tener, y más allá incluso de cualquier análisis ideológico-partidista, es un hecho de la causa que el Presidente Piñera -en estos primeros ocho meses de gobierno- ha avanzado en algunas materias más rápido y más decididamente que lo efectuado por la Concertación en 20 años y cuatro administraciones.
Sin embargo, la esencia del análisis tiene que ser ubicada en el punto neurálgico del mismo, vale decir, en el hecho de que tanto la Alianza por Chile como la Concertación de Partidos por la Democracia se han esmerado en cuidar, mejorar e implementar el mismo modelo económico, el mismo modelo de sociedad profundamente diferenciador e, incluso, el mismo modelo político (si nos atenemos a la prevalencia del sistema binominal).
Nadie puede desconocer que en nuestro país los dos grandes bloques o coaliciones políticas apuestan todas sus fichas partidistas al mismo modelo económico, lo que equivale -para el ciudadano común- a tener que elegir entre dos cuerdas muy similares para echar a rodar el único trompo existente en competencia.
Digamos, sin temor a equivocarnos, ni a cometer infidencia, que esa competición está pauteada y dirigida por los intereses globales corporizados en el conjunto de empresas transnacionales con asiento ‘ideológico economicista' en el Fondo Monetario Internacional, en el Banco Mundial, en Washington D.C. y -si regresamos a nuestro país- en Casa Piedra y en la Asociación de Bancos y Financieras, cuyo rostro público es el elegante abogado Hernán Sommerville, quien, en su época de alumno de ‘humanidades' en el Instituto Luis Campino, acostumbraba bostezar y dormir en las clases de Matemáticas y de Física que dictaba el profesor Carlos Mercado Schüler. ¿Bostezará y ‘cabeceará' también ahora -pues él es abogado y no economista- cuando le corresponde asistir a largas y latas reuniones técnicas de la Asociación que representa?
Permítame el lector abandonar por algunas líneas el tema central de este ‘proyecto' de artículo. Es que ‘mister' Sommerville (siempre tan elegante con sus trajes de color azul y a rayas...¡¡pero con zapatos café y de gamuza!!) podría ser el mejor exponente de la nueva clase alta político-empresarial-gremial chilena. Reconozco que me divierte escuchar -y ver- a Sommerville en las pantallas de televisión defendiendo lo indefendible.
No bien él comienza a balbucear una defensa en materias económicas, mi mente regresa al Instituto Luis Campino de comienzo de los años '60... y veo a Guillermo Larrazábal -hoy brillante químico farmacéutico y profesor universitario- dándole codazos a Sommerville en plena sala de clases para que despertara y pusiera atención a los teoremas de Pitágoras y a los seis libros primeros de la geometría de Euclides.
Finalmente, Sommerville caminó por los senderos del Derecho...pero la política y defensa de los intereses de clase le llevaron a representar -‘económicamente'- a poderosos empresarios y banqueros. En algún recodo de su propio tránsito existencial, Sommerville olvidó el Derecho Romano, Cicerón, Augusto y Marco Aurelio. Le ocurrió a muchos...no fue el único.
Volvamos al supuesto meollo de este artículo. Lo de Sommerville -pituquito acartonado pero simpático- es simplemente un gracejo, un chiste que le hace cosquillas a la política, ya que sus opiniones sólo incrementan, en grado menor, las sentencias archi conocidas que distinguen a poderosos banqueros y financistas, quienes en este caso resultan ser los empleadores de ese momiecito de apellido británico y vestimenta propia de la moda que hizo fama en la década de los años veinte.
En cambio, lo que está aconteciendo con personajes supuestamente serios que intentan rejuvenecer laureles de una pretendida organización política con tintes y aires izquierdistas -pero que en realidad han demostrado ser hijos de los clasistas efluvios burgueses del capitalismo salvaje, como está sucediendo con Osvaldo Andrade, Fulvio Rossi, Camilo Escalona, Carolina Tohá y Marco Enríquez Ominami-, no tiene nada de chistoso, aunque sí mucho de ridículamente vergonzoso y desesperado.
Es que Sebastián Piñera está ejecutando bastante de aquello que la Concertación no supo, no pudo o no quiso realizar. En ciertos temas, Sebastián Piñera ha llegado a ser más ‘progresista' incluso que el propio Partido Comunista actual, tienda venida a menos que dirigen hoy unos aguachentos políticos de apellidos Teillier y Carmona.
El futuro de la Alianza por Chile y del actual primer mandatario resulta ser una incógnita, pero el presente de la Concertación es un hecho conocido e indesmentible. Los antiguos y sempiternos mandamases concertacionistas hoy no pueden ser oposición seria al gobierno de la derecha. Es esto un asunto imposible de contradecir.
Cooptados y asfixiados por los hechos concretos, muchos dirigentes concertacionistas -como los ya mencionados Fulvio Rossi, Carolina Tohá y Osvaldo Andrade- intentan vanamente reformular la Concertación, usando para ello maquillajes desvaídos, marketing que no atrae voluntad alguna, y sumando saldos y retazos de elementos neonatos y moribundos como el PRI, el PRO, ‘Marquito', etcétera, los cuales huelen a demagogia y a fracaso, a traición y a cobardía.
Para empeorar el asunto, el site WikiLeaks dejó en incómoda posición a quien era hasta ayer quizá la mejor carta concertacionista para atraer al voto de izquierda y de centro el año 2014, Michelle Bachelet, pues aquel site inglés la mostró como una subordinada conspiradora al servicio de los EEUU (Hillary Clinton - Arturo Valenzuela) complotando contra Cristina Fernández de Kirchner.
Recordé con ello la cara de sorpresa y angustia que puso Bachelet hace unos dos años -en una cumbre- cuando la ‘señora K' le dio una lección sobre Allende y los golpes militares fascistas-neoliberales. Es que siempre se ha sospechado, después de sus estudios militares en los EEUU, que Michelle era una "puppet" (muñeca o títere) manejada desde el Pentágono.
Definida por los servicios de inteligencia norteamericanos como una izquierdista ‘pragmática', era la persona perfecta -según el salón oval en Washington- para ser usada en América Latina como oposición a Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales...en beneficio, claro está, de los intereses de Estados Unidos en el subcontinente, pero no en defensa ni beneficio de los pueblos de ese mismo subcontinente.
Así las cosas, entonces, ¿cómo podrá la vieja y corrupta Concertación rearmar sus cuadros, ‘aggiornar' su programa y salir a la calle para reconquistar el amor del pueblo? La falla principal estriba en que Piñera se adelantó a los futuros y deshuesados discursos concertacionistas, ya que está efectuando mucho de aquello que esa vieja Concertación tenía en mente como programa ‘atractivo y popular' para los años que se aproximan, pero que en el pasado cercano jamás puso en práctica porque prefirió servir como mayordomo a las inquietudes y necesidades de los patroncitos neoliberales que eran viudos y vástagos de la dictadura pinochetista y de la administración Nixon.
No hay nada novedoso en lo anterior...lo de la Alianza por Chile ocupando oficinas y pasillos en La Moneda es simplemente lo mismo de siempre, pero esta vez -Piñera ad tottus- suena como algo novedoso, fresco y juvenil...es el ‘cambio', el bendito y manido cambio prometido por Tatán en su campaña, quien, en estricto rigor, ofreció algo tan añoso y espurio como la nada misma, salvo obligar al revoloteo de aves en el gallinero legislativo y mediático para que los chilenos creyeran que había muchísimo movimiento político, aunque a la larga y a la corta se tratara solamente de lo mismo que el novelista italiano, Tomasso di Lampedussa, escribió en su obra El Gatopardo: "todo tiene que cambiar para que todo siga igual".
He ahí la esencia del cambio prometido por la ‘nueva derecha' que anunciara el ministro Hinzpeter, la cual no es sino más de lo mismo que entregó la ‘derecha blanda', vulgo Concertación, desde 1990 hasta el año 2010.
Por eso, y ya que muchísimos electores por fin han caído en cuenta que Alianza y Concertación son socios en el mismo negocio de expoliación y depredación de los recursos naturales y humanos del país, pareciera que comienza a incubarse en el alma de la ciudadanía aquel antiguo espíritu democrático -casi al estilo de la ‘comuna de París' o, al menos, de la aroma que tuvo el primer mes de la revolución bolchevique (antes que se impusiera el control comunista)- que apunta sus dardos a la estructuración de una Asamblea Constituyente, en la cual, por cierto, estarían ausentes (¡por fin!) los miembros de los actuales familisterios que llevan décadas al mando de la nación, engordando con trabajo fácil y promesas mentirosas.
Tal vez lo planteado en estas líneas sea, más que una quimera, un despropósito... pero es bueno preguntarse: "y después de este gobierno derechista continuador de una Concertación que a su vez fungió como administradora de la herencia económica pinochetista, ¿qué viene para Chile?"
Sea lo que sea aquello que se aproxime a nuestro país, políticamente no será -ni con mucho ni con poco- algo semejante a lo que conocemos como ‘Concertación', pues este bloque político tiene ya "síntomas de autopsia".
Pareciera (ojalá así sea) que a partir de las próximas elecciones municipales, el año 2012, los antiguos y sempiternos "tres tercios" de la política criolla podrían amenazar con un regreso en gloria y majestad, lo cual sería un agrado para quien, como el susodicho, nació y creció en medio de los democráticos y libertarios vapores masónicos y republicanos que caracterizaban a mi familia y entorno en el viejo y pujante Chile de los años 60.
Por la flauta!! encontré eta pa´gian y me encotré o este artículo marvillos: aqui está escrito lo mismo que pienso yo exactamente. La concertación está quebrada y el futuro se ve negro, y la izquierda no existe porque el 90% de los chilenos están atontados con el consumismo, la telebasura y las deudas de las tarjetas de crédito. En la política la derecha campea sin competencia y no le interesa seguir siendo "socia" con la concertación a la que tiró al tarro de la basura. Ni el chapuli colorado podrá ayudarnos ahora por giles.