RAFAEL LUÍS GUMUCIO RIVAS   

En Chile no existe una democracia de masas, sino una elitista del líder, para utilizar la terminología de Max Weber. El gobierno de Sebastián Piñera ha acumulado un poder prácticamente inédito en nuestra historia; como la derecha es dueña de casi todos los medios de comunicación de masas puede decidir qué es noticia y qué no lo es.

Por ejemplo, durante dos meses los medios no informaron sobre la huelga de hambre de los mapuches, lo mismo ocurrió con la reconstrucción, la huelga de las Farmacias Ahumada y la muerte de mineros que a diario se suceden. Ser dueño de la Prensa es equivalente a estar a la cabeza en el permanente "baño de popularidad" en las encuestas.

En el último Consejo ampliado de la UDI Juan Antonio Coloma se fue por el chorro y convencido que se compraron la "rueda de la fortuna" anuncia un gobierno de derecha hasta el 2018, año en que, según ellos, Chile será un país desarrollado. Afortunadamente don Juan Antonio se quedó chico si lo comparamos con los treinta años de gobierno democratacristiano que, en su momento presagiara Radomiro Tomic - por suerte, todos estos pronósticos siempre fracasan.

En la historia política el canibalismo es una regla: la Democracia Cristiana tuvo que comerse al electorado del Partido Radical y a la derecha para convertirse en partido hegemónico; demos algunas pruebas electorales para justificar este aserto: en 1963, los radicales obtuvieron un 20,8 %; en 1965, el 13,3 %; en 1971, el 8% por ciento.

Donde el canibalismo es mucho más radical es respecto a la derecha política: en 1963, el 22,6% ; en 1965, el 12,5%;  en 1971, el 18,1%  -en este último caso, como Partido Nacional-.

En la actualidad es la derecha la que se come a la Democracia Cristiana: en las últimas elecciones parlamentarias la UDI obtuvo un 23,05%  y la Democracia Cristiana un 14,21%.  En las encuestas, la derecha tiene casi dos tercios y la Concertación menos de un tercio. Podemos sostener que en la medida en que la Concertación pierde apoyo popular, por incapacidad para proponer un proyecto de país, la derecha  aumenta  en poder mediático.

En el colmo de la soberbia, el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, propuso la reelección de su jefe; la mayores expresiones de indignación ante semejante despropósito provinieron de la derecha más fanática, adherente al tirano Augusto Pinochet - el hermano de Su Excelencia, José Piñera, acusa esta salida de madre como un acto "chavista" y, por otro lado, Hermógenes Pérez de Arce, que odia tiernamente a Piñera, lo acusa al presidente de haber intervenido en las elecciones de la ANFP.

La Nueva Derecha tiene tres grandes inventores - cada uno más audaz y creativo que el otro- el presidente de la república quien sostiene "estamos construyendo una nueva derecha, muy alejada de los totalitarismos y los atropellos a los derechos humanos"  -es lógico preguntar dónde ubicará a Novoa y los devotos del dictador Pinochet, que conforman la base de la derecha -. Hinzpeter propone una derecha pragmática y que sea "capaz de enfrentar los grandes desafíos del Chile actual"; El que ha llegado más lejos en esta propuesta es el senador Pablo Longueira que propone, nada menos, que siete desafíos -por cierto, muy difícil de ser aceptados por el liderazgo de su Partido-.             

La nueva derecha es, fundamentalmente, una invención mediática producto del éxito efímero del gobierno de Sebastián Piñera. Como todos sabemos, desde la "borrachera" del triunfo se inicia el camino hacia la derrota; así ocurrió en el pasado, con La Revolución en Libertad y que tal vez será el destino ineludible de la Nueva Derecha. La característica de las invenciones mediáticas es construir burbujas que, a la primera prueba, se destruyen.