ARTURO ALEJANDRO MUÑOZ

Ya que nuestros líderes políticos alaban todo lo que proviene de EEUU, sería conveniente que también realizaran lo que los norteamericanos han hecho en beneficio de sus pueblos originarios

EN UNA ENCUESTA publicada por un matutino de Santiago me enteré que más del 60% de los chilenos admira el modo de vida y la tecnología de los Estados Unidos de Norteamérica. En el ‘gusto' de los chilenos, seguirían luego Inglaterra, Francia y Brasil.

No constituye un desaguisado afirmar que en lo político e ideológico EEUU se alza como el principal referente para nuestros parlamentarios y gobernantes, sean estos aliancista o concertacionistas, quienes siempre están intentando medir sus avances y retrocesos con lo que ocurre -o cómo ocurre- en el gigante norteño, amén de que nuestros dirigentes políticos acostumbran mirar hacia la Casa Blanca ante determinados proyectos de ley que intentan procesar, esperando al menos un guiño desde el salón oval para seguir adelante con la iniciativa.

Aún más, algunos analistas aseguran que la dependencia chilena respecto de los deseos e intereses norteamericanos es la más fuerte y profunda que existe en América latina (después de la colombiana), al grado de que nuestros últimos cinco Presidentes de la república -desde Aylwin a Piñera-habrían tenido que esperar el visto bueno de Washington al momento de nominar a fulano o zutano como Ministro de Hacienda, lo cual obligaría a suponer que los señores Foxley, Aninat, Eyzaguirre, Velasco y Larraín, habrían sido -al menos- ‘propuestos'(si no recomendados) por el Departamento de Estado norteamericano.

Y en materia de minería ocurriría otro tanto. Para mantener una duda razonable, basta recordar algunos controversiales asuntos, como la presencia de la empresa Barrick Gold estragando glaciares y valles en el norte chileno; o la acción de una ministra de apellido Poniachik que vino a Chile para asumir el ministerio respectivo, pero representando los intereses de Rockefeller Inc. y de los empresarios mineros gringos; o la bofetada que le dieron a nuestro país las hijas de Belisario Velasco, quienes representaron a Barrick Gold ante el gobierno de la Concertación e hicieron el ‘lobby' necesario para que esa organización predadora se quedase con parte de nuestra cordillera.

¿Algo nuevo bajo el sol con estas afirmaciones que, por lo demás, nunca fueron negadas oficialmente, y que aparecieron una y cien veces publicadas en diversos medios de prensa? No sólo nadie las negó sino, por el contrario, ellas aumentaron el ‘amor' de nuestros políticos por la dominación que el imperio mantiene sobre gran parte del mundo latinoamericano. Bueno, para no perdernos en un intríngulis sociológico, digamos también que ningún pueblo latinoamericano se siente menos latinoamericano que el chileno, pues por estos rumbos muchos compatriotas ya compraron la mentirilla aquella de creerse "los ingleses" del subcontinente (aunque los peruanos, en cambio, nos tildan de ser ‘los israelitas' de Sudamérica, asunto que, siendo honestos, se corresponde mejor  con la realidad).

Sea cual sea la autenticidad de esos apelativos, lo cierto es que los cariños y admiraciones por todo lo que los gringos hacen en EEUU no tiene correspondencia alguna con lo que nuestros ‘enamorados' políticos criollos realizan en su propio suelo. El tratamiento actual a las etnias originarias es, quizá, el mejor ejemplo de ello...y el más diferenciador también entre la acción oficial de EEUU y la que ejecuta Chile en estos importantes asuntos.

La única similitud que en tales temas podemos encontrar cuando comparamos el accionar de los gobiernos norteamericanos y chilenos hasta mediados del siglo veinte, es que en ambos países se produjo un robo a mano armada, oficial, ventajoso y genocida, para apropiarse de las tierras que los indígenas ocupaban desde hacía siglos o, en palabras más directas, desde mucho antes que los conquistadores europeos arribaran a nuestro continente. Pero, como la historia la escriben solamente los vencedores, hoy la prensa oficial y el mismo estado docente nos muestran -intencionadamente, para justificar atrocidades- a nuestros indígenas como una raza de seres flojos, machistas, ebrios e incivilizados, lo que se contradice con el "Chile bravo, corajudo, sagaz, jamás rendido"que -siempre según todo lo oficial- nos heredaron héroes guerreros como Lautaro, Caupolicán, Angamenón y Alejo.

No obstante, en EEUU hoy día la situación de la mayoría de las etnias originarias es bastante buena,  a pesar de la discriminación racial que aun subsiste en ciertos estados de ese país. Lo anterior se puede comprobar mediante la inspección directa que permite el turismo, ya que en muchos lugares es dable encontrar verdaderos ‘pueblos' habitados y administrados por los miembros de una determinada tribu (cherokees, arapahoes, navajos, etc.), quienes gerencian de forma admirable sus tierras, su artesanía y gastronomía, mismas que son apetecidas por los miles de turistas que visitan esos lugares. Incluso en ellos hay escuelas para los niños, pero escuelas con una implementación de primera calidad, al nivel de la mejor tecnología del país. Ellos poseen sus propios diarios, canales de televisión, radioemisoras; y también son los administradores de justicia, pero solamente en lo que se refiere a disputas menores y que no importen hechos de sangre, robos ni terrorismo.

Por otra parte, en esos sitios el turista puede comprobar fácilmente que el nivel de vida allí imperante es digno de felicitaciones, pues la originalidad en la construcción (y belleza) de las viviendas, la modernidad de los vehículos, la calidad del comercio, etc., señalan que realmente hay una preocupación del estado por la comodidad de sus etnias y por la mantención de sus costumbres arraigadas en la tierra, en el cosmos, en la historia. El pueblo de Acoma, en el estado de Nuevo México, es uno de los tantos ejemplos que certifica lo mencionado en estas líneas.

Ver: http://sobreeeuu.com/2010/09/06/acoma-la-ciudad-del-cielo/.

En Chile deberíamos copiar esas experiencias, y permitir -por ejemplo- que solamente en ciertos ‘pueblos' construidos ad hoc y específicamente para nuestras etnias -agregando a ello algunos miles de hectáreas para la producción agrícola- se pueda vender artesanía de esa mima etnia, y no en todo el país donde centenares de ferias ‘artesanales' de dudosa calidad recorren el territorio deteriorando la verdadera impronta de los trabajos de orfebrería, vestuario, platería y gastronomía indígenas. Así, solamente los mapuche podrían (legalmente) vender su artesanía, sus productos agrícolas, sus ponchos, su platería, y solamente los rapa-nui podrían hacerlo con los suyos, al igual que los aymara, los pehuenche, etc., etc. Esa sería una buena manera de comenzar a mostrar voluntad en la defensa de la tradición y los derechos de nuestros pueblos originarios.

Obviamente, para tales efectos se requeriría la participación -legislativa y económica- del estado chileno, pero jamás de la banca ni de las financieras (verdaderas pirañas predadoras que se alimentan de la expoliación de un pueblo).

Si EEUU lo ha hecho y ha tenido pleno éxito en ello, y si nuestros políticos ‘adoran' todo lo que EEUU realiza, ¿por qué no hacerlo también acá? De seguro, otras ‘etnias', como la Cámara de Comercio, la SOFOFA y la CPC, pondrían el grito en el cielo ante una iniciativa como la descrita...y no sería raro entonces que esas ‘etnias' bolicheras acusaran a EEUU de haberse transformado en un país ‘socialistoide'. Es que, así es este Chile ultra neoliberal donde sólo importa el dinero, especialmente aquel que viene en manos extranjeras, ojalá  predadoras y racistas. 

Por último, si la marcha se muestra andando, la voluntad de defensa de nuestras etnias debería concretarse en la entrega de 10 escaños en la Cámara de Diputados y cinco escaños en el Senado, mismos que deberían ser ocupados por representantes de las etnias elegidos democráticamente al interior de sus propios pueblos.   
Esos son, a mi juicio, los primeros pasos de este largo camino que los gobiernos chilenos se han negado sistemáticamente a recorrer.