ARTURO ALEJANDRO MUÑOZ
No cabe duda que la derecha -dicotomizada en su gestión gubernamental- se encuentra en una encrucijada ideológica cuya resolución cambiaría el escenario político nacional.
TRANSCURRIDOS SEIS MESES de gobierno, la derecha comienza mostrar los intersticios por donde podrían escapar efluvios poco halagüeños para su futuro mediato. Es una especie de "to be or not to be" shakesperiana que debe mantener inquieto -y molesto- al Presidente Sebastián Piñera, el que de seguro jamás esperó que ciertos ataques, controversias y diferencias profundas proviniesen desde el seno de su propio bloque político, el cual, a no dudar, está manifestando síntomas parecidos a la enfermedad que tumbó hace meses a la Concertación.
Al interior del propio gobierno -en el gabinete mismo- la encrucijada del ‘ser o no ser' ha cobrad forma. Por un lado, los derechistas más liberales (cercanos a la DC y al PPD, me asegura un amigo), encabezados por el joven y talentoso ministro del interior Rodrigo Hinzpeter, son quienes -hasta ahora- perecieran interpretar de mejor forma el pensamiento de su jefe, el número uno, Sebastián Piñera.
Frente a este grupo, al otro lado de la acera derechista, un núcleo no desdeñable de dirigentes, encabezados por el subsecretario Cristián Laorroulet, luchan tironeando las riendas del ejecutivo hacia posiciones más ultristas, más fundamentalistas y francamente hostiles a las ideas del grupo anterior.
El ‘conflicto mapuche' ha desnudado las diferencias que algunos analistas habían descubierto hace un par de meses en las filas del oficialismo, pero lo novedoso estribaría en que tales discrepancias comenzaron a extenderse a otros campos de acción en el escenario político, toda vez que en materias internacionales el ala dura de la Alianza (Larroulet y asociados) empujó al Presidente de la República a jugar una carta de pronóstico reservado en el caso del ex frentista Galvarino Aplabaza (asesinato de Jaime Guzmán), ya que es bien sabido que los gobiernos -sean del signo que sean- muestran reticencia a otorgar extradiciones solicitadas por naciones vecinas, amigas, neutrales o como usted quiera llamarlas, puesto que ello por angas o por mangas termina siendo una brasa ardiente para el gobierno que extradita. Y en Argentina, el horno no está para bollos en estas materias.
Si la presidenta Cristina Fernández niega la extradición, Piñera habrá perdido un batalla importante, así como el grupo de los ‘halcones' que dirige Larroulet, amén de perder ingerencia en la orientación de los mandatos presidenciales, se darían feroz costalazo si este domingo 26 de septiembre, allá en Venezuela, el Presidente Chávez obtiene amplia mayoría en las elecciones parlamentarias.
Por el contrario, si la Presidenta Cristina Fernández otorga el visto bueno a la solicitud de La Moneda y Apablaza es extraditado a nuestro país, el grupo de Hinzpeter (en este caso, ‘las palomas' de La Moneda) habrá cedido tramos significativos del poder tras el trono, involuntariamente, por cierto, ya que por razones obvias tampoco podían oponerse a las gestiones de extradición.
Ergo, porque sí o porque no, sería un triunfo de los ‘halcones', pero mayor éxito significaría para el propio Apablaza, quien sabe cuán probable resulta obtener en el sistema judicial y carcelario chileno ciertas garantías tempranamente, mismas que en Argentina (o en las durísimas condiciones internas del sistema penal brasileño que experimenta otro ex frentista, Norambuena), son en extremo difícil de conseguir.
Para la UDI el gobierno ha actuado bien "pero con tibieza y vacilación" en algunos asuntos que resultan vitales para el ala fundamentalista de la derecha ultra neoliberal y ex pinochetista, como por ejemplo haber aceptado (y actuado en consecuencia) trasladar la polémica central termoeléctrica del borde costero en el Norte Chico; o mantener en el hilo de la incertidumbre la respuesta del gobierno en el asunto mapuche, puesto que los ‘halcones' optan abiertamente por incrementar la militarización de la Araucanía sometiendo a los sectores díscolos de la etnia originaria a través de presencia y acción uniformada, incluyendo al ejército y a la aviación, como si se tratara de una zona de guerra abierta (tema que, ya nada asombra, ha sido compartido públicamente por ese otro derechista disfrazado de democristiano llamado Pérez Yoma).
Lo anterior se opone de hecho a las consideraciones del grupo de Hinzpeter (Concertación y PC incluidos) que aseguran sin ambages que el problema mapuche es "un asunto país" y no una situación aislada, casi delictual, que ha surgido porque en algunas de las comunidades del walmapu aparecieron dos o tres líderes ‘marxistas mañosos'. Ese es el análisis fácil, muy típico del clasismo en política y de la ceguera en Historia.
Hasta ahora, no dispuesto a tomar una decisión respecto del rumbo ideológico del gobierno, Piñera ha logrado sobrellevar con mediana dignidad estas situaciones de encrucijadas al interior de su casa. El evento ya heroico de los 33 mineros atrapados a 700 metros bajo tierra en el árido desierto atacameño, le ha venido como anillo al dedo...y el papelito aquel que reza "estamos bien en el refugio los 33" lo ha utilizado, urbi et orbi (incluyendo la ONU, la Casa Blanca y la Gobernación de California), como paracaídas de primera clase.
¿Hasta cuándo le será útil políticamente? Al menos en Chile muchos electores comienzan a manifestar no sólo cansancio y hastío con tales demostraciones faranduleras, sino también cierto desprecio por la estatura política de un mandatario que cada día confirma estar muy lejos del estadista que un 52% del electorado creyó encontrar en él y en su mentado ‘cambio'.
Piñera se ha equilibrado estos seis meses en la cuerda de la indefinición. Un día actúa complaciendo a la UDI, al otro día lo hace satisfaciendo a la DC y al PPD, en la actitud que él llama "de unidad nacional" pero que, en estricto honor a la verdad, conduce a maldita la parte puesto que no se avanza a lado alguno, ni para allá ni para acá. Tal vez, así es el verdadero Sebastián Piñera: un indeciso que se conforma con mostrarse hiperkinético y trabajólico ante las cámaras, llevando un papelito en el bolsillo izquierdo de su chaqueta para enseñarlo a quien se le cruce en el camino...pero eso, y nada más. Él sabe que está realizando un juego de dispersión, un juego que, mientras dure le puede permitir ganar tiempo y ver qué decisión habrá de tomar.
No obstante, los lapsos permitidos en política ya se agotan y seguir comportándose como un niñito caprichoso con juguete nuevo de poco le servirá. Es indudable que en los pasillos de La Moneda se vienen produciendo tironeos severos para llevar al Presidente al redil de una de las capillas en pugna. Larroulet está convencido que tarde o temprano Piñera aceptará las directrices emanadas del corazón más fundamentalista de la UDI, de Casa Piedra, del Opus Dei y de las asociaciones de militares en retiro, consolidando a Chile como un país ‘extraño' en el ámbito sudamericano, pero muy asociado a los intereses y acciones de los Estados Unidos, convirtiendo a esta república en una especie de enorme feria persa donde todo se transa, se compra y se vende.
Frente a ello, Hinzpeter y parte importante de RN (apoyado por DC y PPD), harán lo suyo en orden a administrar Chile con criterios de corte liberal europeos, con algo de ‘bienestar social' estilo español y con mucho de "empresarios cristianos por el desarrollo". Difícil tarea, sin duda. ¿Frente a cuál de ellas se siente más cómo el Presidente Piñera? O, mejor aun, ¿cuál de ellas lo interpreta a cabalidad? ¿Habrá algo que lo interprete, algo que vaya más allá del faranduleo y la exposición ante las cámaras? He ahí la cuestión.
Ser o no ser derechista profundo. Halcón o Paloma. Ser o no ser.
Articulo de gran nivel que deja establecida una enorme duda respecto del fondo ideologico del gobierno "del cambio". Felicitaciones.
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