ARTURO ALEJANDRO MUÑOZ

ÉRAMOS COMPAÑEROS en la carrera de Pedagogía en Historia y Geografía, en el inolvidable Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, en el lejano año 1965. Formábamos parte de una generación excepcional, especialmente aquella que crecía bajo las enseñanzas de los docentes y académicos que la ‘U' tenía en ese entonces, y nos asistía la certeza de constituir la generación de recambio no solo en lo profesional, sino también en lo político.

Grave error, ya que ocho años más tarde, en una nublada y húmeda mañana de septiembre, las botas, los cascos y las bayonetas, echarían por tierra nuestros sueños, nuestras esperanzas...y nuestras vidas.

Desconozco si Gloria Jiménez desarrolló una carrera docente, ya que su formación profesional así lo permitía, pero nuestras historias personales confluyeron, principalmente, en otro ámbito: el de las comunicaciones.

El año 1969, el Sindicato Profesional de Locutores de Chile que dirigía Guillermo Parada llamó a los interesados en ese oficio a rendir examen ante una comisión conformada por gigantes del micrófono, entre quienes se encontraban Sergio Silva, Javier Miranda, Jimmy Brown, y el propio Guillermo Parada, entre otros profesionales de las comunicaciones, cuyos nombres no recuerdo.

El examen se realizó en el viejo Cine Bandera, ubicado en la calle del mismo nombre, en Santiago. Más de un centenar de interesados concurrió al llamado, previa inscripción realizada en las oficinas del Sindicato de Locutores, con el pago ad hoc que exigía esa organización para presentarse ante la comisión mencionada. Entre ellos, Gloria Jiménez y el suscrito.

Recuerdo claramente la mecánica de aquel examen. Uno recibía un número, se presentaba en el escenario del teatro (desocupado completamente) y enfrentaba a una comisión invisible, ya que sus componentes -al parecer- se situaban en la sala de proyección. Ante el micrófono de pedestal, el postulante mencionaba su número, y luego comenzaba leer documentos que Guillermo Parada le iba entregando.Se trataba de una variopinta gama de papeles que contenían noticias de diversos temas, incluyendo nombres de personajes, lugares e instituciones extranjeras de difícil pronunciación.

Luego, lectura de un poema; después, de un ensayo; más tarde, un par de avisos comerciales, y finalmente la prueba de fuego. Desde el lado oscuro de la platea del cine (¿sala de proyección?, al menos eso me pareció), una voz indicaba que el postulante tenía que improvisar -de inmediato- cualquier tema que se le ocurriese, pero sin recurrir al examen mismo.

Del centenar de postulantes, la comisión aprobó solamente a una quincena. Los agraciados debían participar en un corto curso -administrado por el Sindicato, obviamente- con materias que resultaban de indudable importancia para el buen desempeño profesional, tales como dicción, algo de teatro, impostación de la voz, etc. Entre los profesores, destacaba con luces propias el gran actor Hugo Miller. En ese grupo de postulantes aprobados en el examen rendido en el escenario del cine Bandera, nos encontrábamos Gloria Jiménez y yo, junto a quienes serían años más tarde fulgurantes estrellas de la radio y la televisión, como Antonio Vodanovic y Sergio Campos.

Nos enteramos por medio de la prensa escrita que los críticos respectivos manifestaban satisfacción porque el Sindicato de Locutores había privilegiado a postulantes con estudios universitarios, "algo de ingente necesidad para la profesión", opinó un periodista del diario "Clarín", refiriéndose, específicamente, a Vodanovic (estudiaba Economía), a Gloria y a mi.

Durante las clases que se desarrollaban en aquel curso durante las tardes, nos sorprendió el intento golpista encabezado por el general Roberto Viaux Marambio, quien se atrincheró en el viejo regimiento Tacna poniendo en jaque no sólo al gobierno de Eduardo Frei Montalva sino a todo el sistema democrático.

Al comenzar el mes de enero del año 1970, ya éramos -oficialmente- locutores profesionales certificados por el Sindicato, y legalmente miembros del mismo. Nos separamos sin mucho aspaviento, salvo algunos abrazos y los buenos deseos de cortesía. Recuerdo que a Antonio Vodanovic lo contrató la desaparecida radio Yungay, mientras Gloria Jiménez -buena moza e inteligente-fue tentada por TVN. En tanto, Sergio Campos, me parece, pues no tengo seguridad absoluta, viajó a la república Argentina donde comenzó sus primeras labores en la locución profesional; años más tarde regresaría a Chile y se uniría a Radio Cooperativa en la lucha contra la dictadura pinochetista.

¿Y yo?, amén de trabajar como profesor de Historia en el también desaparecido Liceo Comunal de Ñuñoa y en el vespertino del Instituto Luis Campino, me integré al equipo de locutores y periodistas de Radioemisoras del Pacífico, "la radio del Portal Fernández Concha", donde tuve el privilegio de trabajar junto a Raúl Palma, tanto en sus programas "Siempre en Domingo" y "Las organizaciones comunitarias tienen voz", como en el noticiero central de la emisora.

Pasaron algunos meses, la Unidad Popular llevó al doctor Salvador Allende a la presidencia de la república...y en TVN hubo novedades, buenas novedades. Una de ellas fue ver a Gloria Jiménez derramando calidad y simpatía como ‘la chica del tiempo' y luego leyendo las informaciones en el noticiero estelar de la televisión estatal. Coincidimos en las grabaciones de algunos programas radiales, e incluso ella me invitó a participar, con mi voz en off,en un par de programas que TVN lanzaba a media tarde.

Nuestros caminos se separaron cuando ingresé nuevamente a la universidad, esta vez a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile, donde me titulé como Asistente Social y me transformé en profesor ayudante en esa Escuela. Gloria y yo nunca más volvimos a vernos. Éramos jóvenes, colegas y compañeros...pero no éramos amigos en el estricto sentido de la palabra, pese a que compartíamos la misma ideología política y contábamos con un largo recorrido en la universidad, así como coincidíamos en otro de los oficios que nos embelesaba los corazones: la locución.

Finalmente, el fatídico golpe de estado nos alejó geográfica e indefectiblemente. Ella marchó a Europa y nunca supe qué había sido de su vida junto al esposo que encontró en TVN, con quien ató su  existencia para trazar huellas en el extranjero.

Ayer, un ex compañero de universidad, Manuel Fernández Canque, radicado en Italia, me informó la infausta noticia. Gloria había fallecido en el Hospital Clínico de la Universidad Católica. Lo hizo como vivió; sin estridencias ni llamados a la chimuchina de la farándula. Algo se trizó en mi cuerpo y un hálito de llorosa nostalgia se posó en mi alma. Sin yo saberlo, estábamos tan cerca (de Coltauco a Santiago hay solamente 140 kilómetros de distancia), y tan lejos a la vez, pues hubo de ser un compañero nuestro quien, desde Europa, me informara del sensible deceso de esa gran profesional, gran mujer, y socialista consecuente hasta el final de sus días.

Han pasado ya tantas décadas desde aquellos años...han pasado también muchas conductoras de noticias por los distintos canales de la televisión chilena...pero me asiste la certeza absoluta que ninguna de ellas ha logrado superar en calidad, cultura y simpatía a Gloria Jiménez Villarroel.

Quiero terminar estas líneas transcribiendo parte de un breve artículo que escribió Ernesto Carmona en www.generacion80.cl, porque me interpreta a cabalidad y define de manera perfecta lo que Gloria Jiménez significó para las comunicaciones en Chile...y para muchos de sus amigos y compañeros.

""Gloria Jiménez trabajó codo a codo con Sergio Silva, otro inolvidable conductor de noticias de esa época, cuando TVN tuvo como director al periodista Augusto Olivares, amigo cercano de Allende, a quien acompañó hasta la muerte en el doloroso final del 11/9 chileno. También trabajó con Freddy Hube, Gabriel Muñoz y otras figuras de la primera década de la pantalla chica en blanco y negro."
"La conductora de noticias salió al exilio como miles de sus compatriotas que huyeron de la persecución criminal, prisión, muerte y tortura contra sus cuerpos en castigo a sus ideas políticas. La tortura que sufrió en vida fue causada por la enfermedad maldita que la atacó en Venezuela, pero no por culpa de Chávez, como diría CNN, y quizás también hoy las noticias de TVN, porque el mal apareció a comienzos de los '80, cuando en ese país gobernaba otro presidente, también elegido democráticamente. Quizás sin darse cuenta contrajo la enfermedad en la entonces Alemania Occidental, donde vivió antes e incursionó en la señal de radio de la Deutsche Welle, o en Suecia, donde también residió por varios años."