RAFAEL LUIS  GUMUCIO RIVAS

Respecto a los presidentes de la república, nos habíamos acostumbrado a una sucesión del "abuelito chocho", el "hermano tonto", el "papá gritón y autoritario" y la "mamá empática" y cariñosa,  sólo nos faltaba el "gran hermano", la obra de Georges Orwell, 1984. El personaje principal de la obra, el gran hermano, estaba omnipresente en todos los hogares, y penetraba en las conciencias y las vidas, a través de la televisión.

El discurso del 21 de Mayo último es una verdadera "ópera prima" del gran hermano, Sebastián Piñera: comienza apropiándose de la historia cuando cita a los presidentes que, en sus períodos, han sufrido grandes terremotos- Pedro Montt, del Partido Nacional, Pedro Aguirre Cerda, del Partido Radical y Jorge Alessandri, indepediente; excluyó a Augusto Pinochet por haber sido  un gusano, demasiado repugnante-. Después felicitó a los cuatro jefes de Estado de la Concertación, dejando felices a los pocos opositores que asistieron a su perorata.

Durante su alocución repitió, mil veces, que quería a unidad nacional, que iba a construir una nueva sociedad de oportunidades y, nada menos, que llevaría a cabo una verdadera revolución en la salud y en la educación. Con el "gran hermano" la sociedad chilena saldría del pantano y entraría a ocho años de parusía;  nótese que "nuestro gran hermano" no anda con chicas: para él  los decenios duran ocho años y, aun cuando no lo reconoce, está convencido de que su omnipotencia permitirá que lo suceda Jerry Lewis Lavín, su brillante ministro de Educación.

El "gran hermano" nos promete todo lo que habíamos soñado que hicieran los gobiernos de la Concertación, que de puro timoratos - y no pocas veces convertidos al neoliberalismo- abortaron las pocas ilusiones que les quedaban a sus electores. Como sirvientes de la derecha, al final, los ciudadanos los despreciaron. La supresión del 7% de cotización en salud, para los adultos mayores, fue el tema de la última cuenta de Michelle Bachelet, pero la avaricia de su ministro de Hacienda hizo imposible llevar a cabo la derogación de este impuesto a la vejez.

La cantidad de regalos y embelecos que ofrece el presidente tienen su trampita: el impuesto a las empresas es sólo por tres años; el royalty minero garantiza a las grandes compañías australianas la seguridad de que este impuesto se inmovilizará ad aeternum; no se sabe a partir de cuando se aplicará el salario ético y con qué financiamiento; el bono a las bodas de oro matrimoniales es un regalo a los conservadores de la UDI y un verdadero chiste, pues hay muy pocas parejas que aguanten, hoy por hoy, cincuenta años.

Esto del camelo de que Chile será un país desarrollado es un lugar común de todos los presidentes: además de ser mentira, es una soberana estupidez, pues siempre los plazos se alargan; para el profesor Lagos, el Bicentenario; para Bachelet, los doscientos años de Batalla de Maipú; ahora, para Sebastián Piñera, al fin de la década - no se sabe si es de diez u ocho años -. Es muy halagüeño decir que Chile va a crecer 6% anual y se van a crear 200 mil empleos anuales - un millón en cinco años-, es posible que el primer esto ocurre por efectos del terremoto, que activa el área de la construcción, pero es locos pensar que Chile está en una burbuja similar a la de Robinson Crusoe - personaje predilecto de nuestro actual presidente-  pues ningún economista se atreve a predecir cuántos años la crisis del Euro y las otras que vendrán, a consecuencia del descalabro financiero de 2008.

Donde "el gran hermano" quiere demostrar todo su poder es en la educación y la salud. Para la primera plantea nada menos que una revolución; a juzgar por la palabra, pareciera que va a cambiar radicalmente el mierdero de nuestra enseñanza pública, pero sólo ofrece duplicar la subvención preferencial a partir del mes de septiembre, pero en forma tan escalonada que la tarea llegará a su término en ocho años. La verdad es que si no se iguala la subvención de las escuelas públicas con lo que se gasta en un alumno de colegio particular - es decir, mínimamente, elevar la de $50.000 a $300.000 -, como el gobierno jamás lo hará, la educación será siempre una máquina para agrandar la inequidad, que es éticamente insoportable.

La otra propuesta es la creación de cincuenta Liceos de excelencia - once que se pondrán en marcha en 2011- : además de formar en cada provincia una especie de oligarquía del conocimiento, con una ínfima cantidad de privilegiados, en el plano nacional los colegios de excelencia, como bien lo dice el director de Educación 2020, estos Liceos abarcarían una mínima cantidad del universo de estudiantes, lo que hace al proyecto intrascendente. Nada se dice del fin de la municipalización, muy poco de la carrera docente y se habla muy vagamente de la formación de los profesores, menos de las competencias docentes. Al igual que en los gobiernos de la Concertación, las universidades están completamente ausentes.

Siendo doctora Michelle Bachelet, su gestión en Salud fue bastante deficiente y tuvo ministros y ministras poco prolijas y faltas de compromiso. Los errores en Salud fueron gravísimos y provocaron un buen número de escándalos. Las víctimas de los "tanatorios" podrían sentirse aliviados si, al menos, el 10% de las promesas del "gran hermano" se cumplieron: el terminar con las listas de espera respecto a las atenciones Auge y la exigencia de un bono que garantice el cumplimiento de los plazos y calidad de la prestación de Ges, sean en la salud privada o pública, sin embargo, aún no se ha enfrentado la grave carencia de especialistas e infraestructura en los hospitales.

En el discurso del presidente estuvieron completamente ausentes temas sobre la cultura y las relaciones exteriores. En el primer caso es comprensible, pues nuestro monarca no es muy aficionado a los libros - y confunde algunos personajes de ficción-, en el segundo, porque Chile no ha tenido una política exterior coherente, salvo en el comercio, como los famosos fenicios.