ARTURO ALEJANDRO MUÑOZ
Hablar hasta por los codos y hacer de payaso ante las cámaras de televisión, termina no sólo agotando al público, sino también se hace el ridículo internacionalmente.
POCO A POCO, pero más rápido de lo esperado, el choclo va desgranándose y el novel Presidente de la República comienza a beber la cicuta que creyó poder evitar. Su principal flaqueza -además de la demagogia burda que emana de sus poros- es, por cierto, su incontinencia verbal. La lengua le traiciona ya que deja escapar ideas que lleva desde siempre en el corazón, pero que la mente (cuando está fría) aconseja encerrar entre los parietales y occipitales de la testa.
En su caso, la lengua triunfa ampliamente, ya que algo dentro de su cerebro de especulador financiero le asegura que más allá del cargo que pueda ocupar temporalmente, todos los chilenos son sus empleaduchos, sus ‘trabajadores', sus lacayos. Entonces, patina, se da un feroz costalazo, se indigna, explota en ira...pero, luego, se percata que está empantanado en una función pública donde a muy pocos les importa que use una banda tricolor o que en el extranjero le digan "señor Presidente", pues aquí en Chile -para el 50% de la población (o más)- él es simplemente "el Piñera", y políticamente su persona puede y debe ser criticada...más allá incluso de los actos gubernativos que efectúe.
Toda persona que voluntariamente se inserta en la actividad pública, renuncia obligadamente a su vida privada. Es una de las primeras reglas del juego político, y llorar o indignarse porque alguien le ha sacado al sol algunos trapitos personales o familiares, sólo sirve para acrecentar el volumen y el fondo de las críticas. Contra el murmullo del pueblo, contra el "correveidile", o contra el correo de la calle, nadie -ni el Papa ni el dictador más feroz- puede luchar ni detenerlo. En estos menesteres es sano y recomendable recordar siempre aquella frase con la que el periodista Volpone encabezaba todas las ediciones del diario Clarín: "Cavernarios, el pensamiento no se multa ni se encarcela". Incluso el asesino y ladrón Pinochet -dueño de todas las balas y todos los cañones- bebió el amargo ajenjo de esa frase...¡cómo olvidarlo!
En el caso ‘del Piñera', a la incontinencia verbal ha sumado acciones propias de un payaso, pero de los malos, de los fomes, e incluso de los insípidos. Si hay un caballo, quiere montarlo; si hay un bote, quiere remar; si hay una pelota quiere patear un penal; si hay un Ford ‘T' quiere conducirlo; si hay un helicóptero, quiere pilotearlo; si hay una nalga quiere ponerle una inyección...definitivamente es demasiado, es too much asegura un lolito vecino de mi casa. Tanto y tanto busca cámara, que llega el momento de la saturación. Cuando esa hora arriba, entonces se produce el patinazo. Y ello fue lo que sucedió en el complejo de fútbol Juan Pinto Durán. Se pasó de revoluciones el Piñera...la lengua le chicoteó y el cerebro se le hizo espuma, así como sus intenciones de "caer simpático" terminaron convertidas en un actividad risible, ridículamente torpe, que provoca vergüenza ajena si se analiza con ojos internacionales.
Marcelo Bielsa, sin pronunciar palabra ni efectuar gesto ni acto grosero alguno, puso a Sebastián Piñera en el lugar exacto que podría ocupar un ‘pierdeteuna' desubicado, un tontorrón "pa'la risa". Poco después, como guinda de la torta, el jugador Mauricio Isla, en conferencia de prensa, manifestó que "el Presidente le faltó el respeto al profesor Bielsa", pues lo tildó de ‘loco' creyendo que era muy cómico hacer lo mismo que explicitan las barras futboleras, olvidando que él es Presidente de la República...aunque yo, y muchos más, le digamos simplemente "el Piñera".
Por cierto, la indignación, la rabia y la vergüenza aun deben estar circulando por las venas del mandatario, ya que el bochornoso incidente circuló por toda la prensa escrita, hablada y televisada del planeta. En algunos países nuestro Presidente fue considerado el hazmerreír de la semana previa al Mundial de Fútbol, y hubo algunos canales del cable que se dieron un verdadero festín con el incidente.
Bueno, eso en lo deportivo y semi farandulero, porque en los temas serios el asunto empeora. Me refiero al caso de la venta del canal Chilevisión, cuestión que ya adquiere visos de escándalo a niveles inaceptables...todo un bochorno que el país debe soportar injustamente por responsabilidad del alma especuladora de quien hoy se sienta en el sillón de O'Higgins. Durante la campaña y en estos primeros meses de gobierno, él ha insistido en que "nosotros (la Coalición por el Cambio y su propio gabinete) hacemos las cosas bien, yo soy Presidente las 24 horas y nos preocupamos hasta del más mínimo detalle"...pero en el negociado de Chilevisión los detalles se le vienen escapando -muy convenientemente- desde hace meses.
¿No fue el propio Piñera quien aseguró en variadas conferencias de prensa, tanto en el año 2009 como ya en el mes de enero del 2010, que al momento de ser elegido Presidente de la República se desprendería de LAN y de Chilevisión ANTES DE 48 HORAS? No ha sido así. Entonces, ¿mintió Piñera? En estrictísimo rigor, sí, mintió. Y en estos temas el payaseo indigna.
Por la boca muere el pez, no hay peor loca que la boca, con las babas no se hilan chombas...frases que usan los huasos acá en el campo, y que señalan la inconveniencia que importa hablar ‘cabezas de pescado' en el calor de las campañas, cuando el candidato cree que pasado un tiempo la gente no recordará lo prometido con tanto ardor. Nadie, en Chile, ha olvidado aquel eslogan que el comando de RN hizo circular por el país: "Delincuentes, conmigo se les acabó la fiesta", dando a entender (Piñera) que la cuestión era cosa de coser y cantar, o sea, era cosa de dar una orden y...¡cataplum!..se terminaron los bandidos.
Para ser sinceros, los patos malos siguen haciendo de las suyas, y con mayor soltura de nalgas que antes, ya que se han permitido asaltar domicilios de familiares directos de algunos ministros y subsecretarios...amén del alarmante incremento de la dotación de ‘lanzas', ‘escaperos' y carteristas' en el Metro santiaguino, superando la capacidad de los guardias de ese servicio de transporte público.
¿Y el millón de empleos? ¿De empleos o de puestos de trabajo? Hay una notoria diferencia entre ambos conceptos, pues si se trata "de empleos", entonces es posible entender la fórmula que actualmente está desarrollando como plan piloto el ministro Lavín. Es decir, desvincular (o echar) a un alto número de chilenos y chilenas de sus trabajos (tanto en el mundo privado como en el fiscal) para luego contratar a un nuevo alto número de personas y dar por cumplida la meta. Con dos agregados: pagando sueldos inferiores a los de antes, y priorizando la privatización de los servicios otrora fiscales.
Todo mal, pues don Piñi, todo mal. No se queje ni se indigne cuando, después del Mundial de Fútbol, deba enfrentar el "enjambre huelguístico" que sacudirá Chile, lo que por cierto rebotará en el porcentaje de rechazo a su gestión que, quiéranlo o no las empresas dedicadas a recabar opinión pública, el país tendrá que conocer...pues el "rumor de la calle" y el "correveidile" serán tan fuertes que ni un TUsunami ni un marePOto podrán detenerlos.
¿Ve? ¿Se da cuenta? Ya se me pegó su incontinencia.
El acertado columnista menciona la posible verguenza ajena de los que presenciaron o escucharon por radio, mi caso, ese supremo y vulgar acto de populacherismo patronal baratieri y de desubicada postura confianzuda , esa fue exactamente mi sensación.
El Sr. Piñera, un Presidente que ya me averguenza, es y será un baldón para Chile y para buena parte de la desinformada, amorfa y alienada mazamorra de electores que lo llevó a la Moneda, mazamorra donde los arrepentidos ya hacen nata,
Al escuchar su desatinada y confianzuda perorata apatronada me acordé de esos actos empresariales en los que los el dueño de una empresa entrega regalitos y reconocimientos a los empleados y trabajadores de más bajo nivel (y salario) y para superar la incómoda situación comienzan a sobajearlos, nombrarlos por sus diminutivos (Luchito, Panchito, Pepito, etc) , hacerles bromas burdas o como Piñera nombrarlos por sus apodos o contar de ellos asuntos íntimos o incómodos. En esos actos todos terminan sonrojándose y fue lo que sucedió en el forzado acto populachero y desatinado del Estadio Pinto Durán.
La mención al prestigioso entrenador argentino Marcelo Bielsa, además de irrespetuosa y confianzuda, fue de una torpeza política infinita como asimismo sobajear a algunos jugadores y lisonjearlos mientras cometía la vulgaridad de nombrarlos a todos por sus apodos usados por la barra popular o inventados por la prensa farándulera.
Piñera ensaya un patrioterismo vulgar, ramplón, hueco y de utilería, de claro tinte facistoide, para engatuzar al pinochetaje que todavía lo pifia por su pasado familiar democristiano y el publicitado voto NO de 1988. Pero ese discurso patriotero escamotea el antipatriotismo real que ha practicado en su vida de especulador bursátil asociado a grandes trasnacionales y de senador derechista en 1990-1998. Para recuerdo un ejemplo: su actitud frente al saqueo del cobre ideado por su hermano José, como ex influyente biministro del Trabajo y Minería de la dictadura neoliberal-fascista de 1973-1990. Jamás Sebastián Piñera dijo una palabra sobre esa indigna verguenza que nos deja en calidad de factoría colonial y que ya nos ha hecho perder US$500.000 millones desde 1983.
EN SU FACEBOOK EL DIPUTADO (DC) GABRIEL ASCENCIO, INFORMA LO SIGUIENTE:
Las declaraciones del Senador Espina, pidiendo al gobierno acelerar los despidos en el aparato del Estado, para despedir a los funcionarios “que no son afines al gobierno de Sebastían Piñera” muestra la verdadera “nueva forma de gobernar” que ahora se practica sin escrúpulos.
Piñera y Espina quieren condenar a todos los que piensan distinto a la derecha, del mismo modo que otrora lo hicieran en dictadura.
Esta es la verdadera derecha. Así gobiernan.
Más de 2000 funcionarios han sido despedidos y a Espina todavía no le parece suficiente. Quieren utilizar el estado como “botín de guerra”, a costa de dejar cesantes a miles de honrados funcionarios públicos, cuyo único pecado es pensar distinto a las nuevas autoridades.
Así lo ha hecho siempre la derecha desde el gobierno. Así lo hizo Pinochet, dividiendo al país durante 17 años. Así lo pretende hacer ahora el senador Espina y su gobierno.
Estaremos al lado de los trabajadores despedidos, denunciando la manera en que el gobierno quiere hacer espacio a sus operadores.
Es contrario a la Constitución Política de la República utilizar el estado con fines políticos.
Es bueno que los chilenos, especialmente los que creyeron en la mentira de campaña, que “no se exonerarían trabajadores del sector público por razones políticas”, se den cuenta que este gobierno no está dispuesto a cumplir sus promesas y que ahora utilizará el Estado para pagar favores a sus adherentes
La incontinencia verbal tambien afecta a los embajadores...