BAJEMOS LA CUESTA PORQUE SE ACABÓ LA FIESTA
Por Arturo Alejandro Muñoz
SORPRENDÍ A DOÑA Melania cargando cajas y cajas de velas, de esas blancas y baratas que aún es posible encontrar en supermercados y boliches. Me extrañó, pero no dije ni pregunté nada. Supuse que serían para la parroquia o para alguno de los tantos eventos religiosos a los que asiste la señora junto a su grupo de catequesis.
Sin embargo, días después, encontré a su esposo –el Juanucho- muy afanado en su hijuelita arreglando la vieja noria. Ahí estaba el hombre encachando un tremendo balde que ató a una soga gruesa, la que a su vez colgaba de un travesaño que era movido por una palanca. No quise indagar sobre el asunto y guardé silencio. Pero hoy en la mañana quedé boquiabierto al verlo déle que déle amononando un viejo arado, de esos que se usaban antes tirados por un percherón o por un cansino buey.
“Aquí estamos, don, preparándonos pa’l momento en que se nos venga encima la necesidad”. Su preocupación cuenta con bases sólidas y tal vez muchos más deberían comenzar a hacer lo mismo que él. Junucho preconiza que “la mala” se dejará caer sobre Chilito en los meses venideros, aunque todavía no es capaz de reconocer la autoría de tantos desaguisados.
El evento que disparó las aprensiones de ese matrimonio campesino fue la información entregada por las autoridades en referencia a la fuerte alza en los valores del servicio de luz eléctrica, alza que se estima en un 20% a partir del venidero mes de noviembre. Bueno, eso es según la comunicación oficial, pues en realidad, si nos atenemos a los hechos concretos, en las comunas rurales el alza superará el 35% ya que las viviendas campesinas pagan sagradamente cada mes por un servicio que señala una potencia de 220 kw, pero en la fría y concreta verdad reciben –con suerte- una potencia que en promedio no supera los 150 kw.
Lo mismo ocurre con la banda ancha para Internet que vende Telefónica, pues es posible asegurar que ningún cliente que more en comunas rurales recibe exactamente el servicio por el cual paga. Doña Melania y Juanucho no poseen computadora ni están conectados a Internet, pero igual sufren con las extrañas cuentas que reciben mensualmente por su teléfono fijo, las que incorporan cobros, detalles y siglas que sólo Champollion podría descifrar. Ah…y siempre a favor de la empresa española de telefonía…eso está más que claro.
Pero lo que ya dijo ’fuera’ –para Juanucho al menos- fue la noticia que escuchó en una radioemisora y que indicaba la detención de un jefe de la policía de Investigaciones de Rancagua, a quien se le acusa de posible conexión con narcotraficantes locales. Doña Melania resumió su pensamiento con una frase futbolística: “Imagínese que el arquero de un equipo se ‘venda’ al equipo contrario…el partido está perdido desde el inicio”. Pero hay más temores aún, ya que ese matrimonio se permite sospechar que en este oscuro asunto puede estar involucrada gente de mayor alcurnia que tiene en sus manos la responsabilidad de dirigir instituciones públicas, de esas ‘que funcionan’, como dijo el señor Lagos Escobar. Pero son solamente sospechas sin fundamentos…aunque se han visto muertos cargando adobes.
Ante todas estas cuestiones algo alarmantes, el matrimonio campesino ha comenzado a tomar recaudos. Volverán a satisfacer sus necesidades de agua bebestible a través de la vieja noria; desconectarán sus escasos aparatos eléctricos ya que retornarán a las velas y chonchones; no más arriendo de tractores, ahora se las batirán con el arado de los abuelos y el fiel ‘Abejorro’ –el caballo de la familia- para preparar el terreno de su hijuelita a la hora de sembrar.
Incluso fueron a la casa de uno de sus compadres en Copequén a pedirle que les devuelva la perrita ovejera que le regalaron el año pasado, pues desean cruzarla con sus dos quiltros para tener una camada de canes bravos que cuiden y defiendan su terrenito y su casa. Es que ya no tienen ninguna confianza en las policías ni en las autoridades. De hecho, otra vez rescataron un par de hondas desde el baúl del galpón y van a afilar a concho las dos echonas que cuelgan en su leñera.
“Vamos a vender el cacharrito pa’ comprar un par de bicicletas y movilizarnos sin tener que meternos la mano al bolsillo a cada rato pagando alzas de la bencina, peajes, estacionamientos, permisos de circulación, revisiones técnicas mulas, y hasta infracciones de tránsito que cursan los ‘pacos’ cuando están de malas”.
¿Y qué van a hacer con los billetes que les sobrarán de esa venta del automóvil?, pregunté. “Compraremos alimentos para perros”, respondió doña Melania absolutamente convencida de que están actuando correctamente, pese a que les manifesté que con sus acciones estaban desaprovechando la tecnología y nivel de vida que hoy –según dicen los entendidos- caracteriza a los chilenos. La dama saltó como conejo asustado y me tiró la caballería encima.
-Meh…eso de la tecnología y de la riqueza nacional es pa’los puros mandamases y ricachones no más. ¿O a usted le ha tocado algo del famoso chorreo?
Juanucho me miró con cara de buen amigo, y mientras ordenaba los elementos para fabricar chonchones, agregó una frase invitante que todavía me tiene pensativo: “mire, don, cuando en su casa le corten la luz y el agua por no pago, o si se le llenó la pipa con los asaltos nocturnos y se pegó el alcachofazo que no saca ná con denunciarlos…entonces arrímese p’acá porque con
¿Será para tanto lo que piensan Juanucho y su señora? No lo creo…pero p’tas que me dejaron con la bala pasada. Ya estoy noticiado, así que no podré quejarme si se cumplen sus pronósticos.

David Valencia dijo
Para allá va la cosa Arturo, todavía gente en el campo, aquellos que no son tán jovenes que no se dejan embaucar por los cuenta cuentos, ya sea de los medios de comunicación, los políticos, las autoridades, los centros de estudios muchos de ellos ligados a la derecha o la concentraición y los poderes económicos, que nos han estado ´´ emborrachando la perdiz `` hace rato ya, y nosotros los muy huevones nos dejamos engañar. Es hora de hechar a andar la piojera, de abrir los ojos y que la próxima vez que vengan estos señores políticos para que les demos el voto, le peguemos un feroz portazo en el hocico.
David Valencia
23 Octubre 2007 | 03:12 PM